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ABRAHAM, EL PADRE DE LOS PUEBLOS

Creado 09/21/2009 14:23:01 | Último cambio 09/21/2009 14:25:29
El personaje que nos acompañará en nuestro discernimiento en esta ocasión es el padre Abraham. Primero, miremos un poco lo que era su vida antes de la llamada de Yahvé. Se llamaba Abram, era nómada por descendencia, arameo que peregrinaba a Mesopotamia, había nacido en Ur de Caldea. Terah era su padre, un idólatra, pagano, que adoraba a otros dioses, seguramente Abram era también como su padre, pues estaba sometido a el aún. Abram no era el único hijo de Terah, tenía dos hermanos, Nahor y Haram. Además tenía un sobrino llamado Lot. La esposa de Abram se llamaba Saray, la cual era estéril. Claro, Abram ya no era muy joven, pues tenía riquezas, ganados, familia, esclavos, etc. Estaba viviendo en Canaán. Esto es lo que podemos ver de Abram antes del llamado (Gn 11,27-32).

Él no conocía al Dios Yahvé, pero aún así Dios lo hizo digno de su llamado, lo que se dice gratuitamente, como lo comentamos en el anterior artículo. Abram no ha hecho nada para merecer el llamado de Dios, ya se había dicho que era pagano (Jos 24,2). Pero, después del llamado de Dios la historia de Abram va a cambiar, y con ella, toda la vida del ser humano.

Dios irrumpe con su llamado en la vida de Abram, lo que no quiere decir que lo haya obligado a responder, sino que simplemente lo llama y Abram cuenta con la libertad de responder, y sobre todo con la fe que lo lleva a moverse enseguida según la petición de Dios. A Abram se le propone de parte de Dios una aventura, algo, para los hombres de poca fe, inseguro, pero que para Abram tiene un significado especial, por eso cumple la petición que Yahvé le hace sin poner peros.

Dios le promete a Abram descendencia, para lo cual le hace fecunda a su mejer Saray, de donde nacerá Isaac, a quien luego Yahvé se lo pide en sacrificio y por no reservárselo, Dios le cambia el nombre de Abram por Abraham, para decirle padre de la fe. También le promete tierra, la cual será dada a su descendencia. Y le promete hacerlo bendición para muchos como se puede observar en Gal 3,8 y en Hch 3,25.

A partir de aquí, se tiene la visión universal del pueblo de Israel o pueblo de Dios; todo quien se incorpore al pueblo del Dios de Abraham, será colmado de bendiciones, esta idea se puede constatar en los profetas de los tiempos posteriores (Is 2,1; Jr 16,19).

Para nuestra reflexión debemos tener en cuenta que la vocación brota del corazón de Dios en forma gratuita. Que aún hoy continúa Dios llamando a muchos hombres y mujeres que, como Abraham, se encuentran en un contexto único y propio, diferente a los demás, que tal vez no conocen a Dios, pero que aún así, Él tiene la iniciativa de llamarlos y encomendarles un servicio en la Iglesia y para el bien del mundo. La vocación de Abraham es un punto de referencia para nuestro discernimiento, él es un modelo de creyente, que lo deja todo, que se desacomoda para seguir y servir a Dios. Además debemos tener en cuenta que toda llamada de Dios implica una ruptura con el pasado, es un llamado que nos invita a volver a empezar.

Como Abraham, cuando empezamos a salir de nuestra tierra (de nuestra vida actual), empezamos la búsqueda del sentido de nuestra vida. Ser llamado es salir hacia una “tierra nueva”, y confiar en lo que se nos promete aunque todavía no lo veamos.

Otro aspecto que bien vale la pena tener en cuenta en nuestra reflexión es que con tu llamado, como con el de Abraham, también se van a bendecir muchos. Cuando Dios llama a una persona, lo hace para bendecir a través de ella. La vocación principal de todo hombre es escuchar la llamada de gratuita del amor de Dios, para ser más humanos, para ser divinos. Esto nos lleva a decir que ser discípulo-misionero es ser dispensador de los dones de Dios para su pueblo, y mucho más si te sientes llamado a ejercer un ministerio tan grande como el sacerdocio. Ser llamado de Dios es ayudar a descubrir a los demás que son amados por Dios y que sólo el amor de Él los hace verdaderos hombres.
 
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